Cuando 2+2 ya no son 4: Orwell, vigilancia y fin de la verdad

Cartel del documental. Fuente
 Hay obras que no envejecen porque, lamentablemente, la realidad insiste en alcanzarlas o sobrepasarlas. Orwell: 2+2=5 (2025), el documental de Raoul Peck, parte de una premisa que compartimos a menudo desde nuestras publicaciones: no vivimos exactamente en el mundo distópico imaginado por George Orwell en 1984, pero cada vez estamos más sus lógicas fundamentales.

Estrenado en pantallas el pasado mes de febrero, y ahora disponible en diversas plataformas, el título hace referencia a una de las ideas más perturbadoras del universo orwelliano: la capacidad del poder para imponer una realidad alternativa. Si el poder logra que aceptemos que 2+2=5, ya no controla únicamente nuestros cuerpos o nuestras acciones, sino también nuestra percepción de lo real.

Fotografía de Orwell en la BBC integrada en el documental
Uno de los aciertos del documental es que Raoul Peck no se limita a hablar de Orwell en abstracto, sino que pone rostro al presente. Y esos rostros resultan inquietantemente familiares.

Las escenas protagonizadas por Mark Zuckerberg son especialmente reveladoras. En varios fragmentos de comparecencias ante el Congreso,intenta esquivar preguntas sobre privacidad, desinformación y responsabilidad de Meta. Más allá de sus respuestas concretas, lo perturbador es la normalización del discurso tecnocrático: la vigilancia ya no se presenta como coerción, sino como servicio, conectividad o personalización. El control adopta la forma de interfaz amable. Ya no es necesario imponer un sistema panóptico; basta con convertirlo en plataforma.

Peck parece sugerir que el verdadero “Gran Hermano” contemporáneo quizá no tenga el rostro severo del Estado totalitario imaginado por Orwell, sino el de CEOs aparentemente anodinos, vestidos con camisetas grises y obsesionados con métricas, engagement y crecimiento. Un poder menos espectacular, pero profundamente infraestructural.

La presencia de Trump opera de manera distinta. No representa tanto la vigilancia como la erosión sistemática del lenguaje. Sus intervenciones muestran cómo la mentira reiterada deja de necesitar verosimilitud para volverse eficaz. No importa si una afirmación es cierta; importa su capacidad para desplazar el marco de la conversación.

Aquí Orwell resuena con fuerza: el poder no triunfa únicamente censurando la verdad, sino saturando el espacio público con versiones incompatibles de la realidad. El presidente estadounidense encarna perfectamente ese mecanismo de desorientación permanente: cada declaración contradice la anterior, pero esa incoherencia ya no debilita el discurso, sino que refuerza su lógica de dominación. Como Se apunta en el documental, el “2+2=5” actual no consiste en obligarnos a creer una mentira concreta, sino en acostumbrarnos a que la verdad sea negociable.

Especialmente impactantes son también las imágenes del asalto al Capitolio de 2021. La escena no funciona solo como documento histórico, sino como síntoma visual de algo más profundo: el colapso del consenso sobre lo real. Mientras la violencia estalla, Trump habla del “amor en el aire”. La distancia entre lo que vemos y lo que se enuncia resulta brutal. Es ahí donde Peck sitúa el gran problema actual:el autoritarismo del siglo XXI no siempre avanza mediante censura o represión visible. A menudo lo hace a través de plataformas privadas, narrativas virales y economías de la atención.

En ese contexto, Zuckerberg, Trump, Bezos o Musk, no aparecen simplemente como individuos, sino como  caras complementarias del poder contemporáneo: unos administran la infraestructura que organiza la visibilidad; el otro explota el caos informativo que esa infraestructura facilita.

Uno gobierna la circulación. Otros colonizan el significado.


+info

Nosotros, la distopía que se transformó en realidad (2017)

Orwellian: Realidad Aumentada e innovación editorial (2013)

Infografía: 1984 (2011)


Luzinterruptus: Feliz 1984 (2010)

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