"Nosotros": la distopía que se transformó en realidad

Detalle de la publicación de Hermida Editores e imagen de E. Zamiatin











Llega Sant Jordi, el Día Internacional del Libro, una jornada en la que la cultura se convierte en la protagonista. Este año queremos recomendar una edición especial de una de nuestras novelas distópicas de referencia: Nosotros, de Evgueni Zamiatin, publicada originalmente en Londres en 1920. Hermida Editores  presentó hace unos meses una excelente traducción fiel al estilo dal autor.

Mucho antes de que Orwell o Huxley imaginaran sociedades sometidas al control total, Yevgeny Zamyatin escribió en 1921 una de las novelas fundacionales del género distópico: Nosotros.

La obra describe una sociedad aparentemente perfecta, regida por la lógica matemática, la eficiencia y la transparencia absoluta. Sus habitantes ya no tienen nombres, sino números. Viven en edificios de cristal, bajo vigilancia constante, y cada aspecto de su vida —desde el trabajo hasta la intimidad— está regulado por el Estado Único. La libertad individual, el deseo y la imaginación son presentados como anomalías que deben corregirse.

Yevgeny Zamyatin por Boris Kustodiev (1923)

Leída hoy, resulta inquietante no tanto por su carácter profético, sino por la naturalidad con la que muchos de sus mecanismos se han integrado en nuestra vida cotidiana.

Zamyatin imaginó una arquitectura de cristal para garantizar la visibilidad total. Nosotros hemos construido voluntariamente su equivalente digital: dispositivos conectados de forma permanente, sensores, cámaras, asistentes virtuales, relojes inteligentes y plataformas capaces de registrar nuestros movimientos, hábitos, emociones y relaciones. La transparencia ya no se impone únicamente desde arriba; también se fomenta desde la cultura de la exposición permanente.

En Nosotros, la vigilancia era explícita. En nuestro presente, en cambio, suele operar de forma más amable, invisible y eficiente. Se presenta como comodidad, seguridad o personalización. Aceptamos compartir datos a cambio de navegación, acceso, descuentos o reconocimiento biométrico. El control ya no necesita parecer autoritario para ser eficaz.

Aquí es donde la novela sigue siendo radicalmente actual. Su verdadera intuición no fue solo anticipar la vigilancia, sino comprender que el poder más sofisticado es aquel que logra que el control se perciba como racional, deseable e incluso inevitable.

Hoy, la promesa tecnosolucionista insiste en que más datos equivalen a mejores decisiones, más seguridad y mayor optimización social. Pero conviene preguntarse: ¿quién recopila esos datos?, ¿con qué fines?, ¿quién se beneficia de su explotación?, ¿y qué margen de decisión conservamos realmente?

La distopía contemporánea ya no necesita pantallas gigantes con un Gran Hermano observándonos. El control distribuido, algorítmico y automatizado resulta mucho más eficaz precisamente porque es menos visible. La vigilancia se ha desplazado desde la coerción directa hacia la predicción, la clasificación y la modulación del comportamiento.

Quizá por eso Nosotros sigue interpelándonos con tanta fuerza. No porque vivamos exactamente en su mundo, sino porque muchas de sus lógicas han dejado de parecernos excepcionales.

La gran pregunta ya no es si la distopía ha llegado, sino hasta qué punto hemos normalizado sus infraestructuras.


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