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Internet nunca ha sido un espacio neutral. Su arquitectura, el software que la sostiene y las decisiones de quienes diseñan sus infraestructuras determinan qué podemos hacer, cómo nos relacionamos y, cada vez más, qué margen tenemos para ejercer nuestra autonomía. Sin embargo, en un momento en que la conversación sobre tecnología parece monopolizada por la inteligencia artificial, resulta especialmente pertinente detenerse en Code for the People, el documental dirigido por Bao Nguyen, porque desplaza la atención hacia una pregunta más importante: ¿quién controla el código sobre el que se construye la red?
Aunque el documental toma como hilo conductor la historia de WordPress y de la comunidad del software libre, en realidad habla de algo mucho más amplio. Habla de la transformación de internet, de una infraestructura abierta y distribuida a un ecosistema dominado por unas pocas corporaciones tecnológicas capaces de controlar plataformas, datos, algoritmos y, ahora también, modelos de inteligencia artificial.
Esta evolución no es casual. Como advirtió Lawrence Lessig (2006), el código es ley: las reglas inscritas en el software condicionan nuestras posibilidades de acción tanto como cualquier legislación. La arquitectura tecnológica no solo organiza la información; también distribuye poder.
Durante los primeros años de internet, el ideal de una web abierta permitió que millones de personas publicaran contenidos, desarrollaran proyectos y compartieran conocimiento sin depender de intermediarios. Yochai Benkler (2006) describió aquel momento como la posibilidad de construir una producción cultural basada en los bienes comunes y la colaboración distribuida.
Dos décadas después, el panorama es muy diferente.
La mayor parte de nuestra actividad digital transcurre dentro de plataformas cerradas —los conocidos walled gardens— donde unas pocas empresas determinan qué contenidos circulan, cómo funcionan los algoritmos de recomendación o qué datos se recopilan de cada interacción. Siva Vaidhyanathan (2011) ya advirtió que esta creciente dependencia de unas pocas compañías suponía una transformación profunda del ecosistema digital, mucho antes de que la inteligencia artificial acelerara todavía más esa concentración.
Es precisamente aquí donde Code for the People adquiere una dimensión especialmente contemporánea.
La inteligencia artificial suele presentarse como una revolución tecnológica inevitable, pero rara vez se discute quién controla los modelos, las infraestructuras de computación o los enormes conjuntos de datos con los que son entrenados. Como señala Shoshana Zuboff (2019), el capitalismo de vigilancia no consiste únicamente en recopilar información sobre las personas, sino en convertir esos datos en capacidad para predecir y modificar comportamientos. La IA no rompe con esa lógica; la amplifica.
En este contexto, el software libre deja de ser una cuestión reservada a programadores para convertirse en una cuestión profundamente política. Poder acceder al código, comprender cómo funciona una herramienta, modificarla o redistribuirla significa también mantener un cierto grado de soberanía tecnológica. Richard Stallman (2002) defendía que las cuatro libertades del software eran, en realidad, libertades de las personas.
Desde hace años, en Uncovering Ctrl venimos observando cómo las tecnologías de vigilancia, las plataformas digitales, los sistemas biométricos o los modelos de inteligencia artificial responden a una misma lógica: cuanto más invisibles resultan sus infraestructuras, más difícil se vuelve cuestionar las relaciones de poder que incorporan. Las cámaras inteligentes, los algoritmos de recomendación o los asistentes conversacionales no son únicamente herramientas; son dispositivos políticos que organizan la experiencia cotidiana y condicionan nuestra capacidad para actuar.
En este sentido, el documental de Nguyen funciona como un recordatorio necesario. No propone una mirada nostálgica hacia los orígenes de internet ni idealiza el software libre como solución universal. Lo que plantea es una cuestión mucho más urgente: si aceptamos que las infraestructuras digitales son esenciales para la vida contemporánea, también deberíamos preguntarnos quién puede auditarlas, modificarlas o decidir cómo evolucionan.
Cory Doctorow (2023) ha descrito cómo las grandes plataformas degradan progresivamente internet para aumentar la dependencia de sus propios servicios. Frente a esa tendencia, recuperar una web abierta no significa regresar al pasado, sino reivindicar la posibilidad de construir tecnologías más transparentes, auditables y orientadas al interés común.
Quizá esa sea el punto fuerte de Code for the People. En un momento en que toda la atención parece concentrarse en los últimos modelos de IA, el documental nos recuerda que la verdadera disputa continúa estando un nivel más abajo: en el código, en las infraestructuras y en las decisiones que determinan quién tiene la capacidad de escribir las reglas del mundo digital.
Referencias
Benkler, Y. (2006). The Wealth of Networks: How Social Production Transforms Markets and Freedom. Yale University Press.
Doctorow, C. (2023). The Internet Con: How to Seize the Means of Computation. Verso.
Lessig, L. (2006). Code: Version 2.0. Basic Books.
Nguyen, B. (Director). (2026). Code for the People [Documental].
Stallman, R. M. (2002). Free Software, Free Society: Selected Essays of Richard M. Stallman. GNU Press.
Vaidhyanathan, S. (2011). The Googlization of Everything (And Why We Should Worry). University of California Press.
Zuboff, S. (2019). The Age of Surveillance Capitalism. PublicAffairs.

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