Portada del libro (Fuente: Consonni)
En un momento en que las plataformas digitales parecen espacios inevitables,dominados por algoritmos opacos, extracción masiva de datos y economías de la atención, el libro Las redes son nuestras. Una historia popular de internet y un mapa para volver a habitarla, de Marta G. Franco, publicado por Consonni, plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿y si internet no estuviera rota, sino secuestrada?Lejos del determinismo tecnológico, esa idea de que las plataformas son simplemente “como son”, el ensayo recupera una genealogía política de internet para recordar algo que hoy parece casi olvidado: la red no nació para monetizar nuestra atención ni para alimentar monopolios tecnológicos. Su origen estaba más cerca de la cooperación distribuida, el conocimiento abierto y las infraestructuras comunes.
Su tesis central es aparentemente sencilla, pero contundente: la red fue progresivamente privatizada. Lo que antes eran espacios abiertos, foros comunitarios o herramientas descentralizadas acabó encapsulado dentro de jardines vallados controlados por unas pocas corporaciones tecnológicas. La llamada “Web 2.0” convirtió la participación colectiva en materia prima para modelos de negocio basados en vigilancia, publicidad y extracción de datos.
Pero Las redes son nuestras no se queda en la nostalgia de una internet perdida. Su valor reside en su capacidad propositiva. Desde una perspectiva feminista, cooperativista y hacktivista, Franco recupera experiencias de autogestión digital, software libre, servidores comunitarios y redes federadas para imaginar otras formas de habitar internet. No se trata de abandonar la tecnología, sino de politizarla: preguntarnos quién diseña, quién controla y quién se beneficia de las infraestructuras digitales que organizan nuestras vidas.
Quizás la cuestión más interesante que deja abierta la autora no es tecnológica, sino política: si las redes son nuestras, ¿por qué actuamos como si pertenecieran inevitablemente a otros?
En tiempos dominados por plataformas extractivas, IA generativa y concentración de poder digital, recuperar la imaginación sobre internet puede ser un acto político en sí mismo. Depende de nosotros
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