| Palantir pavilion, World Economic Forum, Davos, Switzerland (Fuente |
De la seguridad al control sistémico
El modelo de implementación profunda, crea relaciones difíciles de deshacer. Una vez integrada en los sistemas de un cliente, su plataforma se convierte en el eje de toma de decisiones. Esto genera eficiencia, pero también dependencia.
Aquí emerge una cuestión clave: ¿qué ocurre cuando la lógica de una empresa privada se incrusta en infraestructuras públicas? La asimetría no es solo tecnológica, sino también epistemológica. Palantir, como otras grandes empresas del sector, no solo provee herramientas; influye en cómo se define un problema.
Ética, vigilancia y legitimidad
Las críticas hacia Palantir no son anecdóticas. Su colaboración con agencias gubernamentales ha alimentado debates sobre vigilancia, derechos civiles y transparencia, ampliamente documentados por medios como The Guardian o Wired, especialmente en relación con contratos públicos y uso de datos sensibles. El problema no es únicamente qué datos se analizan, sino bajo qué marcos y con qué supervisión.
En Reino Unido, por ejemplo, más de 200.000 personas han pedido cancelar contratos con la empresa, en parte por su papel en sistemas policiales y sanitarios y por su posicionamiento ideológico reciente.
Pero una de las críticas más sistemáticas proviene de Amnesty International. En su informe “Failing to do right: The urgent need for Palantir to respect human rights” (2020), la organización advierte que el papel de la empresa en operaciones gubernamentales “plantea preocupaciones urgentes sobre derechos humanos” y exige un mayor escrutinio de sus contratos públicos.
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| Fuente: Amnesty International |
El informe analiza especialmente su colaboración con el Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. y el ICE, señalando que sus herramientas han sido utilizadas para identificar, rastrear y detener migrantes y solicitantes de asilo, contribuyendo a posibles violaciones de derechos humanos .
Además, Amnistía critica la falta de “debida diligencia en derechos humanos” por parte de la empresa, argumentando que no ha evaluado adecuadamente los riesgos asociados al uso de su tecnología en contextos de vigilancia y control migratorio .
Palantir, por su parte, respondió que no controlaba los datos ni las decisiones finales, sino que proporcionaba herramientas analíticas a sus clientes . Sin embargo, esta defensa reabría el debate: ¿puede una infraestructura ser neutral cuando condiciona cómo se toman decisiones?
El manifiesto: cuando la ideología se hace explícita
Más allá de la tecnología
Analizar Palantir únicamente como empresa tecnológica es no valorar su influencia real. Es, en muchos sentidos, una pieza de infraestructura política. Opera en la intersección entre datos, poder y gobernanza, donde las decisiones técnicas tienen consecuencias sociales profundas.
La pregunta ya no es si necesitamos herramientas como las de Palantir. Es quién las controla, bajo qué reglas, y con qué límites.
Porque cuando el poder adopta la forma de software, cuestionarlo deja de ser un problema técnico.
Y se convierte, inevitablemente, en un problema político.
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