Devorando el futuro: la IA como máquina de destrucción

Imagen promocional del Dialogo. CaixaForum














La inteligencia artificial no solo produce contenido. También produce basura. Ese fue el punto de partida de Devorar el futuro: la basura de la IA, el diálogo entre la investigadora Kate Crawford y la periodista Marta Peirano celebrado en CaixaForum Barcelona dentro del ciclo En pausa: diálogos para pensar el presente.

La conversación partía de una constatación: la inteligencia artificial está inundando internet (y también los entornos de trabajo) de imágenes, artículos y vídeos generados automáticamente. Contenidos muchas veces falsos, redundantes o de baja calidad que empiezan a saturar el ecosistema digital.

Para Crawford, autora de Atlas of AI, este fenómeno no es un simple efecto colateral del progreso tecnológico. Es el resultado directo de cómo funcionan estos sistemas. La IA generativa opera como un ciclo casi bulímico: absorbe enormes cantidades de datos producidos por personas, los transforma en material sintético y vuelve a ingerir ese mismo material para seguir entrenándose

La idea se desarrolla en su ensayo  Eating the Future: The Metabolic Logic of AI Slop, publicado en e-flux. Allí Crawford propone entender la inteligencia artificial como un sistema metabólico: una infraestructura que consume recursos culturales, energéticos y materiales para producir nuevos flujos de contenido.

En ese proceso aparece lo que ella llama  AI slop: un torrente de contenido sintético (imágenes hiperrealistas, artículos generados automáticamente, influencers artificiales) que circula por plataformas digitales y termina retroalimentando a los propios sistemas de IA

Durante décadas, la red fue un enorme archivo colectivo: textos, foros, fotografías, código, tutoriales, discusiones. Un espacio donde millones de personas producían conocimiento de forma distribuida. Hoy ese archivo es también el combustible de los modelos de inteligencia artificial. La paradoja es que cuanto más contenido genera la IA, más se contamina con ese material sintético.



También apunta a la dimensión material de la IA. Generar y entrenar estos modelos requiere de grandes infraestructuras: centros de datos que consumen enormes cantidades de energía y agua, además de minerales y territorio. En ese sentido, la IA no solo produce residuos culturales; también genera emisiones, calor y contaminación.

Durante el diálogo, Marta Peirano situó este fenómeno dentro de una historia más larga del poder tecnológico. Internet comenzó como una infraestructura abierta que permitía compartir conocimiento. Sin embargo, la economía de la IA está reorganizando ese espacio alrededor de sistemas propietarios que extraen valor del trabajo colectivo a través de una infraestructura industrial. La cultura producida por millones de personas es su materia prima.

El resultado es una economía de la automatización que no solo transforma cómo producimos información, sino también qué tipo de información circula. Si producir contenido es cada vez más barato para las máquinas, el riesgo es que el espacio digital se llene de material generado automáticamente mientras el trabajo humano pierde visibilidad. No es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión cultural, política y ecológica.

La pregunta es hasta cuando vamos a  seguir alimentando esta rueda autodestructiva.

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